
Una protesta comunitaria por la ineficacia de la justicia termina en el linchamiento de un juez.
El malestar de vecinos que dicen reconocer entre ellos una familia de ladrones desemboca en el incendio de una propiedad, con los policías apostados en la esquina contemplando la escena.
Supuestos hinchas del fútbol reciben a su equipo en el aeropuerto con escupitajos, agresiones físicas e insultos, por no haber pasado a la siguiente ronda de un campeonato internacional.
Un local es destruido y su propietario es apedreado por clientes estafados.
Un periodista que sirve de intermediario en el reclamo de una familia ante su empresa de salud es golpeado frente a las cámaras por una funcionaria.
La seudovedette eliminada del reality de baile escupe con fuerza a la cara de un jurado.
Por un lado, caraduras que se burlan en público de la ingenuidad de la gente y de la ineficacia de la autoridad. Por otro, viejos nostálgicos de la mano dura y jóvenes que no la vivieron y están ansiosos de ella.
Peligrosa mezcla de incredulidad en las instituciones, creciente inequidad, total atención a la farándula, ausencia de autocontrol en el impulso de venganza, y estigmatización de los orígenes de la inseguridad y de los victimarios que multiplica los mensajes xenofóbicos y fascistas en las paredes de la ciudad.
Cuando hay una enorme zona gris entre el ideal del comportamiento humano, la justicia social y la legitimidad del control, ¿quién puede liderar la reflexión sobre las medidas de largo aliento para eliminar las causas, la prevención de mayores desbordamientos y la contención de corto plazo?
Imagen: brillante obra de Quino tomada de Google Imágenes
2 comentarios:
¡Wow!
Me quedé sin aliento al leer tu relación de hechos y suscribo cada línea. Es obvio que aunque quisiera, no puedo siquiera aventurar una respuesta a tu pregunta final, pero déjame decirte que acabas de destrozar el mito y de comprobar que cien buenas palabras valen más mil imágenes.
¡Qué fotografía!
Doloroso... pero cierto. Triste, ¿no?
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