sábado, 25 de abril de 2009

Entre la justicia social y la justicia por cuenta propia


Una protesta comunitaria por la ineficacia de la justicia termina en el linchamiento de un juez.
El malestar de vecinos que dicen reconocer entre ellos una familia de ladrones desemboca en el incendio de una propiedad, con los policías apostados en la esquina contemplando la escena.
Supuestos hinchas del fútbol reciben a su equipo en el aeropuerto con escupitajos, agresiones físicas e insultos, por no haber pasado a la siguiente ronda de un campeonato internacional.
Un local es destruido y su propietario es apedreado por clientes estafados.
Un periodista que sirve de intermediario en el reclamo de una familia ante su empresa de salud es golpeado frente a las cámaras por una funcionaria.
La seudovedette eliminada del reality de baile escupe con fuerza a la cara de un jurado.
Por un lado, caraduras que se burlan en público de la ingenuidad de la gente y de la ineficacia de la autoridad. Por otro, viejos nostálgicos de la mano dura y jóvenes que no la vivieron y están ansiosos de ella.
Peligrosa mezcla de incredulidad en las instituciones, creciente inequidad, total atención a la farándula, ausencia de autocontrol en el impulso de venganza, y estigmatización de los orígenes de la inseguridad y de los victimarios que multiplica los mensajes xenofóbicos y fascistas en las paredes de la ciudad.
Cuando hay una enorme zona gris entre el ideal del comportamiento humano, la justicia social y la legitimidad del control, ¿quién puede liderar la reflexión sobre las medidas de largo aliento para eliminar las causas, la prevención de mayores desbordamientos y la contención de corto plazo?
Imagen: brillante obra de Quino tomada de Google Imágenes

jueves, 19 de marzo de 2009

La extinción de lo correcto

El correcto uso del español es uno de los radicalismos que conservo. Aunque no lo practique con perfección, me gusta saber sus normas, trato de difundirlas con modestia en mi radio de alcance y vivo a la caza de gazapos propios y ajenos que me permitan acercarme al ejercicio ideal que he construido.
Pertenezco a una especie en vía de extinción.
Ya sólo leo los comentarios que se publican en la web y en la redes con intereses sociológicos, y sin embargo no logro controlar la sensación de dolor, malestar y rabia ante tanto yerro, ante tanta carencia, ante tanta desidia.
Durante mucho tiempo me resistí a creer que ésta era una batalla perdida. Pero cuando quien se equivoca no tiene el menor atisbo de duda y se atreve a tachar y hasta pontificar sobre su base errónea, es evidente que no hay retorno. Para ilustrar puedo decir que perdí la cuenta de las veces que he tenido que explicar en qué casos debe usarse el 'de que', ante personas convencidas y públicamente defensoras 'de que' siempre es incorrecto utilizarlo.
No saben cuánto lamento aceptarlo... por mí y por la frustración de decenas de amigos e interesantes desconocidos que comparten esta causa.
La historia ya lo ha mostrado. Aplicaciones que en el pasado fueron censuradas por la Real Academia, hoy son aceptadas. Es parte de la evolución del idioma. Un proceso que se cumple en virtud de lo registrado en la lengua escrita, principalmente la lengua literaria, y de otro lado, por lo amplio, general, común y corriente que se vuelva un uso.
Si en la cantidad de textos que se editan es cada vez más normal encontrar desaciertos, y si se habla como se habla y se escribe como se escribe, ¿qué podemos esperar?


sábado, 14 de febrero de 2009

¿Ocurre lo que conviene?

No me trago el cuento de que la felicidad sólo puede ser fugaz,y menos el del dolor como condición necesaria del amor.
No creo en la infalibilidad de que al que le van a dar le guardan,
ni que siempre lo que ocurre es lo que más conviene.
No acepto que para lograr algo haya que pasar por encima de otro,ni tolero que se promueva como principio que "el vivo vive del bobo".
Me duele la escasez de transparencia,
la lucha contra la diferencia,
la oposición a la polémica,
las respuestas armadas,
las posturas inflexibles,
la imposibilidad de la escucha.
Pero al mismo tiempo rechazo que haya que aceptar todo porque "lo que no mata, engorda", o que debamos abandonar el ideal de construir un espacio mejor.
Ante tanta desviación humana se precisan más manos, voces, miradas y mensajes que siembren dudas, reflexiones, diálogos y sonrisas.

martes, 3 de febrero de 2009

Confieso que espero

Fiel a los conceptos de André Comte-Sponville, filósofo que leo y releo, intento des-esperar. Es decir, me esfuerzo por vencer la programación mental que me marca para no desear nada distinto de lo que tengo.
Se trata de la felicidad, de vivir el presente eterno, del amor a partir de lo que está en mis manos... Nada que ver con el sufrimiento o la resignación.

Pero sigo descubriendo el largo camino que aguarda por delante. Avanzo dos pasos y retrocedo uno, cuando no es una puerta que se cierra en la cara haciendo que me devuelva un kilómetro.

Me quito el sombrero ante quienes pueden controlar sus expectativas y blindarse contra la decepción.

En mi curso intensivo de aceptación de negativas, me serviría mucho practicar mejor la desesperanza.

Desear lo que soy, lo que tengo y lo que hago.
Disfrutar lo que vivo.
No centrar la alegría en el porvenir.
Amar el ahora que se renueva y que por lo tanto es presente siempre.

Lamento no tener la altura para evitar temer que lo que hoy me hace feliz se acabe... para lidiar con las dificultades... para superar las limitaciones.

Hay que leer a Comte-Sponville.


"Sólo aquel que no espera nada lo tiene verdaderamente todo.
La desesperanza no es la tristeza, no es la desdicha, sólo es el efecto de no esperar nada.
A esto llamo yo la alegre desesperanza.
Los momentos de felicidad son aquellos en los que nos sentimos completos,
en los que no esperamos otra cosa más que lo que es".
André Comte-Sponville

Imagen: www.elmundo.es/magazine/2005/289